CAPÍTULO II

EL SER EN SÍ Y EL ORIGEN DE LA NADA.

                                                  “He salido a buscarte pese a todo.”

                                                                                Abigael bohórquez.

La obra de Jean Paul Sartre, El Ser y la nada, tiene una introducción titulada Introducción en Busca del Ser, dividida en seis secciones con números romanos, con los siguientes títulos: I. La idea del fenómeno. II El fenómeno del ser y el ser del fenómeno. III. El cogito prerreflesivo y el ser del pe3rcipere. IV. El ser del Percipi. V. La prueba ontológica y VI. El ser en sí.

La obra de Sartre consta de cuatro partes. La primera de ellas se titula El Problema de la Nada y contiene dos capítulos que son los siguientes:

Capítulo I El Origen de la Negación. Este capítulo está dividido en cinco secciones: I. La interrogación. II. Las negaciones. III. La concepción dialéctica de la nada. IV. La concepci´pon fenomenológica de la Nada. V. El origen de la nada.

Capítulo II. La mala fe. Este capítulo está dividido en tres secciones: I. Mala fe y mentira. II. Las conductas de mala fe. III. La “fe” de la mala fe.

De la introducción y del primer capítulo de la Primera Parte de la obra, el capítulo II de este trabajo adquiere su contenido.

 II.1. EN BUSCA DEL SER.

II.1.1. LA IDEA DE FENÓMENO.

Sartre rechaza el dualismo de la apariencia y la esencia, y afirma que la apariencia es la esencia. Manifiesta Sartre que la apariencia no remite al ser como el fenómeno kantiano al númeno. y dice que: "Puesto que ella no tiene nada detrás y no es indicativa sino de sí misma, no puede ser soportada por otro ser que el suyo propio, no puede consistir en la tenue película de nada que separa al ser-sujeto del ser-absoluto. Si la esencia de la aparición es un parecer que no se opone a ningún ser, hay ahí un legítimo problema: el del ser de ese parecer. Este problema nos ocupará aquí y será el punto de partida de nuestras investigaciones sobre el ser y la nada.”[1]

 II.1.2. EL SER EN SÍ.

Sobre el fenómeno del ser, Sartre da las siguientes precisiones en las paginas 31 a 37 de El Ser y la Nada:

"La conciencia es revelación-revelada de los existentes, y los existentes comparecen ante la conciencia sobre el fundamento del ser que les es propio...El ser es el fundamento siempre presente del existente...La conciencia puede siempre sobrepasar al existente, no hacia su ser sino hacia el sentido de este ser. Por eso se le puede llamar óntico-ontológica, pues una característica fundamental de su trascendencia es la de trascender lo óntico hacia lo ontológico...”

Para comprender mejor estas precisiones de Sartre acerca de lo lógico y lo ontológico, veamos la diferencias e estos conceptos en las Lecciones Preliminares de Filosofía, de Manuel García Morente, quien nos dice los siguiente:

"La diferencia que debe establecerse entre estos dos términos es la de que empleamos el término "óntico" para designar aquellas propiedades características,  estructuras y formas que son de los objetos en cuanto objetos. En cambio empleamos el término de la objetividad ontológica para designar aquellas formas, estructuras o modalidades, que convienen a los objetos, en cuanto que han sido incorporados a una teoría científica o filosófica."

En la página 36 Sartre  nos señala tres características de su examen, provisional lo llama él, del fenómeno del ser, y son las siguientes:

EL SER ES.

EL SER ES EN SÍ.

EL SER ES LO QUE ES.

Inmediatamente después, Sartre, finaliza la Introducción de su obra haciendo hincapié en el fracaso del realismo y del idealismo:

"No es el examen del en-sí lo que nos permitirá establecer y explicar sus relaciones con el para-sí. ¿Cuál es el sentido profundo de esos dos tipos de ser? ¿Por qué razones pertenecen uno y otro al ser general? ¿Cuál es el sentido del ser, en tanto que comprende en sí esas dos regiones de ser radicalmente escidndidas? Si el idealismo y el realismo fracasan ambos cuando intentan explicar las relaciones que unen de hecho esas regiones incomunicabes de derecho, ¿que otra solución puede darse a este problema? ¿y cómo puede el ser del fenómeno ser transfenoménico?. Para intentar responder a tales preguntas hemos escrito esta obra."[2]

En el párrafo anterior se encuentra el propósito de Sartre, al escribir el Ser y la Nada, en el presente trabajo haremos un recorrido breve y a saltos de esta obra, deteniéndonos en el tema del amor.

II.2. LA NADA.

Para Sartre la nada es no ser, es una negación del ser. Y para sorprendernos, Sartre empieza su obra diciendo en la página 41, en los inicios del primer capítulo de la primera parte de su obra, al principio casi: "...Lo concreto es el hombre en el mundo."

Líneas más adelante Sartre se pregunta:

"¿Hay una conducta capaz de revelarme la relación del hombre con el mundo?"[3]

Y Sartre mismo se responde: "No, semejante conducta no existe."[4]

De aquí deduce Sartre que aceptamos enfrentarnos con el "ser trascendente de la no existencia" de esta conducta.

La primera sección (La Interrogación) del primer capítulo de la primera parte de la obra, el principio pues, termina así:

"Y he aquí que una ojeada a la interrogación misma, en el momento en que creíamos haber alcanzado la meta (en la búsqueda del ser), nos revela de pronto que estamos rodeados de nada...Acaba de aparecérsenos otro componenente de lo real: el no-ser"[5]. La nada.

 

II.2.1. LA OPINIÓN DE ROMANO MUÑOZ SOBRE LA NADA.

José Romano Muñoz, en su obra "Hacia una Filosofía existencial (Al margen de la nada, de la muerte y de la náusea metafísica)" dedica una crítica a Sartre en los capítulos III, IV  y  V , y al existencialismo en general en toda la obra; pero es en el capítulo II de su obra, titulado

LA TEMÁTICA EXISTENCIALISTA HEIDEGGERIANA EN SUS RASGOS FUNDAMENTALES, donde señala con claridad su opinión sobre la nada, transcribimos un parrafo de este capítulo:

"...el concepto de la nada, que no aparece históricamente en la filosofía antigua (el pensamiento griego es el pensamiento del ser, no de la nada), surge por la primera vez en en el pensamiento cristiano a partir de San Agustín hasta Hegel inclusive, con la idea -que arranca de la revelación en el Antiguo Testamento- de la creación del mundo de la nada por la voluntad o por el amor de Dios. Para Kant la idea de la nada se da simplemente como negación categorial, clasificada dentro de las categorías de la cantidad, de la cualidad, de la relación y de la modealidad. Para Sartre la nada subsiste como negación del ser, no como algo sustantivo, sino como condición de su posibilidad objetiva. Es en Heidegger en donde encontramos la nada con auténtica realidad metafísica, sustantiva, como fundamento y matriz del ser, como un objeto de experiencia directa en el momento crucial de la angustia, como una presencia."[6]


 


[1] Sartre, Jean Paul, El Ser y la Nada. Ensayo de Ontología Fenomenológica, pág. 14. Segunda edición, Editorial Losada, S.A. Buenos aires, Argentina, 1968.

[2] Op. Cit. Págs. 36, 37.

[3] Op. Cit. Pág. 43.

[4] Op. Cit. Pág. 43.

[5] Op. Cit. Pág. 44.

[6] Romano Muñoz, José. Hacia una Filosofía Existencial (Al Margen de la Nada, de la Muerte y de la Náusea Metafísica), pág. 47. Imprenta Universitaria, México, D.F. 1953-